lunes 7 de diciembre de 2009

Dos poemas


1
Nada mujeriles, atan los marinos su inclinación al llanto y la tiran por la borda. Sangra el tajo al avanzar la quilla y a cada restallar de foques se hinchan tatuajes. A pesar de todo, no pueden impedir llevar su pensamiento a tierra: el alba pule cada vez mejor su brillo de novia y pechos de albatros llenan de fantasmas los ojos. Rodeados del olor de conchas y el amor de peces, tensan el cuerpo; bruscos apartan la ternura que sienten al mirarse entre sí y que hace tambalear su hombría. Pero, en largos trayectos, consolarse uno mismo pierde eficacia. Es cuestión de tiempo para que se disipen los escrúpulos.

2
Cada sueño es una lucha por volver a nuestra vida. Recorrer espacios guiado por el amigo de infancia que sabe de tu sombra. Lanzarse contra rostros de oponentes y perder la fuerza en el último tramo entre el puño y la cara. Con infinitas variantes, repetir la escena donde el verano se va tras un “no” definitivo. Condenado a viajar por siempre, esta es la historia de cerrar los ojos.