jueves 3 de noviembre de 2011

Un árbol que no puede verse



A mi padre y mi madre los colgó el viento
de un árbol que no puede verse.
Nunca los vi juntos.
Lo que supe de ellos sucedió en retratos,
fantasmas que los ancianos dicen.
Algo tendrán que ver con la ouija,
Algo, con que me ataque el miedo.
¿Pero qué podían hacer dos sombras en las paredes
con un niño real?

Se los llevó el cansancio.
Yo que he nacido puedo decir cuánto pesan
las lentejuelas en estos ojos,
los nombres de azúcar
en las frentes blancas.
No es cierto que no tenemos miedo a la muerte.

Mi madre tenía una escopeta
bajo su cama por si venían soldados.
A ella, una calavera grande.
A ella, una calavera con muchos adornos.
Mi padre se iba a los cerros y desenterraba
muñecos de arcilla.
A él, una calavera en silencio,
una calavera con lentejuelas rojas
para ver en la oscuridad.

Que las flores cubran los muros.
Que los retratos salgan de todas las flores.
Todos los días del año.
Porque no es cierto que nos reímos.
No es cierto que no tenemos miedo..



Imagen tomada de www.casadecalexico.com

martes 1 de noviembre de 2011

Fragmento de "Sueño de La Muerte"

   
En esto entró una que parecía mujer, muy galana y llena de coronas, cetros, hoces, abarcas, chapines, tiaras, caperuzas, mitras, monteras, brocados, pellejos, seda, oro, garrotes, diamantes, serones, perlas y guijarros. Un ojo abierto y otro cerrado, vestida y desnuda de todas colores; por el un lado era moza y por el otro era vieja; unas veces venía despacio y otras aprisa; parecía que estaba lejos y estaba cerca, y cuando pensé que empezaba a entrar estaba ya a mi cabecera. Yo me quedé como hombre que le preguntan qué es cosi  y cosa, viendo tan extraño ajuar y tan desbaratada compostura. No me espantó; suspendióme, y no sin risa, porque bien mirado era figura donosa. Preguntéle quién era y díjome:
       –La Muerte.
       –¿La Muerte?
      Quedé pasmado, y apenas abrigué en el corazón algún aliento para respirar, y muy torpe de lengua, dando trasijos con las razones, la dije:
       –¿Pues a qué vienes?
       –Por ti –dijo.
       –¡Jesús mil veces! Muérome, según eso

Francisco de Quevedo. "Sueño de La Muerte". Los sueños. Francisco de Quevedo. Madrid: Cátedra, 2007, 327.

martes 11 de octubre de 2011

Gary Snyder medita en el bosque




A Bomber from Beale
Over the clouds,
Fills the sky with a roar
Gary Snyder

el rugido de los bombarderos es un bosque
donde un hombre medita
en la línea de las montañas

y se oye agitando la hierva
un uhhhhhjjjjj castaño y lento

el rugido de los bombarderos tiene

sitios lejanos y en paz




 Gary Snyder. Foto tomada del sitio www.english.illinois.edu